En El Veremos la Victoria!
Posiblemente viste la película “Corazón Valiente”, basada en la vida del escocés William Wallace, quien finalmente cae en manos de los ingleses y es torturado en público para hacerlo renunciar a su lucha por la independencia.
A cambio del repudio por su causa, le ofrecen una muerte “más humana”, sin tanto dolor. Ahí, en un aplaza pública, el hombre es horriblemente atormentado, y mientras sus verdugos desgarran sus entrañas esperando, el hombre lanza un grito de “¡LIBERTAD!”, que se escucha por todos los patios del palacio donde estaba siendo lenta y cruelmente mente descuartizado; a pesar de enfrentar un dolor agonizante, no estuvo dispuesto a claudicar.
Ese es el espíritu que todos necesitamos. Demasiadas veces adoptamos la actitud que reinaba en Israel al atravesar por el desierto. Cada vez que algo iba mal, ya fuera que les faltara agua, se cansaran de comer maná o les saliera al encuentro un enemigo, se echaban a llorar al punto de recordar con añoranza sus años de cautiverio en Egipto. “En Egipto”, decían, “teníamos melones y pepinos”. Querían regresar a su vida antigua bajo el látigo de los egipcios.
Muchas veces oigo a la gente decir: “Me iba mejor antes de ser cristiano”, pero eso es una mentira, un engaño del diablo. ¡Olvidan que éramos esclavos del pecado! ¡Estábamos destinados a un infierno eterno! No importa cuántos problemas tengas, jamás serán peores que los que enfrentabas en el pasado. Cuando empezamos una búsqueda por más de Dios en nuestra vida, generalmente nos topamos con resistencia por parte del diablo, y lo peor que podemos hacer es mirar hacia atrás y retroceder. Cuando la batalla arrecia, es cuando mayor fervor y pasión debemos tener para entregarnos a Dios. ¡En Él veremos la victoria!
Ejército atrevido: ¡Muramos a este mundo y sus deseos! ¡VIVAMOS PARA DIOS!
La victoria es nuestra… si persistimos
Causa Justa
Dios nos está desafiando a hacer oraciones atrevidas y a pedir lo imposible, ¡oraciones que hacen que el sol se detenga en su lugar!
Es un desafío de una fe audaz. ¿Para qué? ¡Esa es la gran pregunta! ¿Qué le vamos a pedir a Dios? ¿Un carro nuevo, una casa más lujosa, una tele más grande? ¿Para eso será que Dios quiere que hagamos oraciones audaces? No lo creo. Cuando Josué pidió que Dios detuviera el sol, no fue para poder disfrutar más tiempo tomando limonada debajo de una palmera frente al mar. ¡NO! Josué pidió que se detuviera el sol para poder continuar la batalla contra el enemigo, poniendo inclusive, su vida en riesgo. Las batallas en el tiempo de Josué eran mano a mano, no era como hoy en día que un país puede lanzar bombas y misiles a larga distancia sin tener que ver, sentir o percibir la muerte y el peligro. Josué podía ver los ojos feroces de sus enemigos, oler su humor, el aliento, sentir el odio y la sed de venganza. Josué estaba bañado en la sangre de sus enemigos, su condición distaba mucho de un día de campo al lado del mar. De modo que, cuando Josué pide que el sol se detenga, no era para descansar ni para que su vida fuera más fácil, no era para dejar de tener problemas y dificultades.
¿Cuántas veces es precisamente eso de lo que se compone nuestra oración? “Dios, líbrame de mis problemas”, “Señor, líbrame de esta incomodidad”. Todos quisiéramos una vida sin estorbos, sin problemas, pero eso no es a lo que nos llama Dios. El nos ha llamado a una guerra y en esta guerra, Él quiere que le pidamos lo imposible, lo extraordinario, lo inalcanzable. Esas oraciones nos van a costar trabajo, sudor, esfuerzo; pero serán para que Dios sea glorificado.
No se trata de mí, no se trata de mi comodidad, ¡se trata de que Dios sea glorificado! Se trata del avance del Reino de Dios. La causa es noble, pues se trata de la salvación de millones de almas, por eso Dios nos desafía a orar de una manera audaz. ¿Te unirás con migo al ejército revolucionario que Dios está levantado? ¡Que este sea nuestro clamor: Dios, úsame para que tu reino sea establecido en mi generación!
Que esta sea nuestra oración: “Señor, cueste lo que cueste, permite que mi vida marque una diferencia en tu reino. ¡Que yo sirva para que tú seas glorificado sobre la tierra!”
Mi Ciudadania
Anoche regresaba de un tiempo maravilloso de oración, cuando Carlos Arzola, un amigo y compañero de milicia, me compartió un pensamiento que Dios le dio que me impactó porque va directo al corazón de todos los que queremos ser atrevidos y audaces como lo fue Josué al pedir que el Señor detuviera el sol. Nosotros vivimos en una frontera entre Estados Unidos y México. Muchos desean obtener la ciudadanía Estadounidense por los derechos y beneficios que se obtienen, pero aun cuando lo consiguen, su corazón sigue ligado a México. No es algo exclusivo del mexicano, sucede con muchos inmigrantes, que si bien en papel son ciudadanos residentes de un país, su corazón está en otro. Tenemos un papel que dice “United States Citizen” y lo queremos, nos interesan los beneficios que nos otorga, pero nuestro corazón late por nuestro país nativo, sea México, Puerto Rico, Guatemala, Honduras, etcétera.
Antes de que te pongas a la defensiva y te encones en tu espíritu nacionalista, permíteme decirte que ese no es el punto, sino una mera ilustración, el reflejo de un problema mucho mayor que tenemos, vivimos una dualidad. Queremos ser del reino de Dios para recibir todos los beneficios que nos otorga ser hijos de Dios: la salvación, el perdón de pecados, la vida eterna, la sanidad, el pronto auxilio en la tribulación y todas las incontables bondades del Señor… PERO, nuestro corazón está anclado al plano terrenal. El enfoque de mi vida es mi comodidad, mi carro nuevo, mi casa, mi televisión, mi iPhone, mi diversión, mi dinero, y así sucesivamente. Yo quiero lo que Dios ofrece, ¡pero claro que también me interesa lo que ofrece este mundo! Quiero estar con un pie en el reino de Dios y otro en mi reino y esa dualidad produce muerte en nosotros. Jesús nos llama a una fe audaz, de hecho, declaró que si no estamos dispuestos a dejarlo todo por Él, no somos dignos de Él.
Mi corazón no puede estar partido en dos, con el Señor es TODO o NADA. En esta vida sí es posible disfrutar de mi ciudadanía estadounidense y a la vez amar a México, su música, su comida, su gente y su cultura, PERO en el Reino de Dios, yo no puedo amar las cosas de este mundo.
Ejército atrevido: ¡Muramos a este mundo y sus deseos! ¡VIVAMOS PARA DIOS!
