No desistas
¿Has sentido alguna vez cuando oras, el cielo guarda silencio? En esos momentos es fácil darse por vencido y pensar que Dios nos ha vuelto la espalda. Sin embargo, es precisamente ahí cuando debemos recordar que la persistencia es esencial para una victoria espiritual.
Por supuesto que Dios puede hacer un milagro en un instante, pero, por nuestro propio bien, a menudo prefiere forjar en nosotros madurez, fe y carácter. Así como los músculos solamente se desarrollan a base de resistencia y no cuando estamos sentados frente a la televisión, nuestra fe requiere resistencia para poder crecer y desarrollarse.
Es natural que al inicio del caminar con Dios o cuando se emprende un ayuno, se experimenten dificultades. Es por eso que muchas personas “avientan la toalla” y se dan por vencidas, ignoran que esa es precisamente la estrategia del enemigo, él ataca al principio para desanimar y hacernos desistir.
Lo mismo sucedió cuando Dios envió a Moisés a librar a Israel de la esclavitud de Egipto, lo primero que sucedió fue que el Faraón se enfureció y mandó que no se les diera paja para fabricar los ladrillos, mientras que debían mantener la misma cuota de producción, es decir, ¡en vez de mejorar, las cosas empeoraron!, y ¿cuál fue el resultado? La gente no se enfadó con el faraón, sino con Moisés y Aarón, ¡preferían seguir siendo esclavos el resto de su vida que tener que soportar un poco de sufrimiento para obtener su libertad! En nuestro caso, cuando iniciamos una búsqueda por Dios en ayuno y empieza a dolernos la cabeza, surgen problemas en casa o el trabajo, podemos caer en el error de culpar a Dios; pero si queremos vencer, tenemos que ser persistentes ante la oposición, de otro modo permaneceremos en el mismo lugar de siempre y el diablo quedará muy satisfecho por mantenernos ahí.
A pesar de los problemas, Moisés no desistió, ¡y vaya que tuvo una gran lucha! El Señor desató plaga tras plaga sobre Egipto, y aun así, el faraón y no accedía a dejar en libertad a Israel, pero finalmente, con la ayuda de Dios, ¡lograron la victoria y su tan anhelada libertad! Dios quiere librarnos de toda atadura, pero tenemos que persistir, aun cuando el enemigo se levante para tratar de desanimarnos y frustrar nuestros avances. ¡La victoria es nuestra… si persistimos!
Oraciones Audaces
En este año, Dios me está desafiando a hacer oraciones atrevidas, a pedir por lo imposible. Desgraciadamente, yo mismo limito a Dios con mi falta de fe en Su poder y Su deseo de obrar. Siento que Él nos está desafiando a todos a creer en lo extraordinario, lo milagroso, lo inalcanzable. Jesús mismo lo declaró: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Jn 14:12
Josué fue un hombre que se atrevió a creerle a Dios por lo imposible. En medio de una batalla cuando el sol se estaba poniendo y sus enemigos estaban por fugarse en la oscuridad, hizo una oración audaz, pidiendo que el sol y la luna se pararan en su lugar. Creyó en que Dios tenía el poder y la voluntad de poner a todo el universo en pausa. Por un espacio de casi 24 horas, Dios hizo que se detuviera todo el sistema solar porque un hombre se atrevió a pedírselo.
Pedro fue otro hombre atrevido que le pidió a Jesús dejarlo caminar sobre las aguas de un mar enfurecido. Tenemos que dejar de limitar a Dios con nuestras oraciones mediocres y empezar a pedir audazmente más allá de las limitaciones de mi mente finita. El Dios que servimos puede y quiere hacer tanto más de lo que le hemos pedido hasta el momento, ¡atrévete a creer en Dios para lo imposible!
Creamos juntos que este 2012 será un año de milagros y de rompimiento.
Cada día estaré publicando un pensamiento diferente en este blog, regresa cada día para estar juntos en este ayuno.
Pedro y Pablo…
Hace unas semanas murió Pedro, un amigo y miembro de la congregación que había estado luchando con un cáncer muy agresivo. Yo había tenido la oportunidad de visitarlo y orar por él en varias ocasiones, pero la actitud que tenía la última vez que lo vi, me dejó impresionado.
Pedro estaba desahuciado por los médicos y ya no podía levantarse de la cama, pero aunque ni siquiera podía comer, no estaba enojado con Dios. En ningún momento me preguntó “¿por qué?”, sino al contrario, con entusiasmo me comentó la manera en que Dios se había valido de su enfermedad y su dolor para causar un efecto positivo en la vida de uno de sus hijos que estaba descarriado.
Tantos de nosotros nos enojamos con Dios, cuestionamos su existencia y su amor cuando las cosas no resultan como a nosotros nos gustaría. Hacemos nuestro berrinche hasta porque no logramos conseguir la novia que queríamos, el auto o el trabajo que anhelábamos. ¡Qué increíble inmadurez de nuestra parte!
Pablo dijo: “Gracias a mis cadenas…” ¿Puedes creerlo? ¡El apóstol le encontraba beneficio a sus prisiones! ¡Que todos tuviéramos esa actitud! Pablo continúa diciendo que a causa de sus cadenas, muchos se estaban armando de valor para compartir el Evangelio. Mi amigo Pedro y el apóstol Pablo lograron ver más allá de sí mismos y se proyectaron hasta la obra maestra de Dios. Que el Señor nos dé esa misma actitud para poder contemplar lo que Él está logrando en el universo, aun cuando muchas veces, no lo entendemos.
Servicio
Recientemente estuve un congreso de jóvenes en Cd. Victoria llamado DESTINO, donde escuché a Angélica Del Castillo, pastora y amiga junto con su esposo Felipe, quien predicó sobre la vida de José. En su plática, ella mencionó algo que me abrió los ojos a una revolución que todos necesitamos abrazar, no solo en nuestra manera de pensar, sino también en la forma que actuamos. Tiene que ver con el trabajo y el servicio.
Trabajar es hacer una labor para obtener un beneficio a cambio de dicha labor.
Servir es hacer una labor para dar un beneficio a cambio de dicha labor.
Tanto el trabajo, como el servicio, involucran el hecho de laborar, la única diferencia es el enfoque que le damos a dicha labor; un individuo trabaja para su propio bien, mientras que el servicio se hace para el bien de los demás.
Jesucristo nos llama a ti y a mí a servir. Cada día que nos levantamos y nos dirigimos hacia nuestro empleo, necesitamos ir con la actitud de servir. Eso significa que yo no me presento en mi lugar de empleo solo para recibir un sueldo, sino que desempeño mis labores con una encomienda dada directamente de Dios, de ofrecer un servicio, un valor agregado a esa empresa, de modo que el día que yo falte, realmente se note mi ausencia.
Si somos vendedores, nuestro mayor enfoque no debe ser la venta o la comisión, sino el beneficio que nuestro producto puede ofrecerle a la persona o empresa con la que estamos tratando, al grado de que, si nuestro producto no ofrece ningún beneficio para ellos, tengamos el valor y la decencia de hacérselo saber, y retirarnos con la conciencia tranquila.
Mi enfoque cada día debe de ser beneficiar a los demás con mi tiempo y mis talentos. Cuando tú y yo tenemos ese enfoque, Dios se encargará de nuestra recompensa. José se presentaba todos los días delante de Potifar y el carcelero sin buscar su propio beneficio, puesto que ni sueldo recibía, no obstante, siempre buscaba servirles a de la mejor manera. Como sabemos, mientras tanto que él mantuvo esa actitud, Dios lo prosperó poniéndolo al frente de todos y así llegó a ser “cabeza y no cola”. La única vez que vemos a José buscando su propio beneficio fue cuando le pidió al copero que abogara por él ante el Faraón, y como sabemos, el copero se olvidó de él. Vayamos cada día a nuestros lugares de empleo enfocados en dar, en vez de recibir, y dejemos que Dios se encargue de ver de recibamos una compensación abundante.
Nuestro empleo es nuestro ministerio.

