Mi Ciudadania
Anoche regresaba de un tiempo maravilloso de oración, cuando Carlos Arzola, un amigo y compañero de milicia, me compartió un pensamiento que Dios le dio que me impactó porque va directo al corazón de todos los que queremos ser atrevidos y audaces como lo fue Josué al pedir que el Señor detuviera el sol. Nosotros vivimos en una frontera entre Estados Unidos y México. Muchos desean obtener la ciudadanía Estadounidense por los derechos y beneficios que se obtienen, pero aun cuando lo consiguen, su corazón sigue ligado a México. No es algo exclusivo del mexicano, sucede con muchos inmigrantes, que si bien en papel son ciudadanos residentes de un país, su corazón está en otro. Tenemos un papel que dice “United States Citizen” y lo queremos, nos interesan los beneficios que nos otorga, pero nuestro corazón late por nuestro país nativo, sea México, Puerto Rico, Guatemala, Honduras, etcétera.
Antes de que te pongas a la defensiva y te encones en tu espíritu nacionalista, permíteme decirte que ese no es el punto, sino una mera ilustración, el reflejo de un problema mucho mayor que tenemos, vivimos una dualidad. Queremos ser del reino de Dios para recibir todos los beneficios que nos otorga ser hijos de Dios: la salvación, el perdón de pecados, la vida eterna, la sanidad, el pronto auxilio en la tribulación y todas las incontables bondades del Señor… PERO, nuestro corazón está anclado al plano terrenal. El enfoque de mi vida es mi comodidad, mi carro nuevo, mi casa, mi televisión, mi iPhone, mi diversión, mi dinero, y así sucesivamente. Yo quiero lo que Dios ofrece, ¡pero claro que también me interesa lo que ofrece este mundo! Quiero estar con un pie en el reino de Dios y otro en mi reino y esa dualidad produce muerte en nosotros. Jesús nos llama a una fe audaz, de hecho, declaró que si no estamos dispuestos a dejarlo todo por Él, no somos dignos de Él.
Mi corazón no puede estar partido en dos, con el Señor es TODO o NADA. En esta vida sí es posible disfrutar de mi ciudadanía estadounidense y a la vez amar a México, su música, su comida, su gente y su cultura, PERO en el Reino de Dios, yo no puedo amar las cosas de este mundo.
Ejército atrevido: ¡Muramos a este mundo y sus deseos! ¡VIVAMOS PARA DIOS!
